Columna de Razta

Juvenal Olmos: Una vida en azul y blanco

El 1 de noviembre de 1984, Juvenal Olmos convirtió el primer gol en la goleada 4-1 a Fernández Vial, tres años más tarde, el 1 de Noviembre de 1987, anotó el tercero del triunfo 3-1 a Lota Schwager y una década después, el 1 de Noviembre de 1994, convirtió el tanto que nos permitió ir al alargue con Saprissa de Costa Rica. ¿Coincidencia?, claro que no. Ese es el toque de los elegidos.

Considerando únicamente los torneos de Primera División, Juvenal obtuvo con Universidad Católica la Copa Polla Gol 1983, Copa de la República 1984, Torneo Nacional 1984 y 1987, Copa Interamericana 1994 y Copa Chile 1995. Luego volvió como entrenador para adueñarse del Torneo Apertura 2002, pero en el trayecto hubo una carrera abundante en anécdotas y triunfos.

Tras probarse en Unión Española, equipo que llamaba su atención cuando niño, y ser rechazado, Juvenal Olmos decidió intentarlo en Universidad Católica. La franja llenó su corazón. Descubrió que la camiseta roja que asomaba en su destino era en realidad una de alternativa con el escudo del CDUC. En Universidad Católica hizo divisiones menores y pronto destacó a nivel internacional.

La generación dorada de Olmos ganó el Torneo Internacional de Croix Sub 19 1980, la Copa del Mundo juvenil. Pablo Yoma y el propio Juvenal subieron al primer equipo. En ese entonces, por su actitud respetuosa y amabilidad, Juvenal se ganó el cariño de jugadores mundialistas como Miguel Ángel Neira y Eduardo Bonvallet.

Comenzó jugando en el flanco derecho del ataque. Era rápido. Pese a que no contaba con la espectacularidad de Gustavo Moscoso, puntero izquierdo, poseía buen dominio de balón y olfato en el área, aunque su especialidad era “servir el gol”. En 1983, Juvenal Olmos celebró el título de la Copa Polla Gol, en una etapa de alternancia con otros jugadores más consolidados.

En 1984, tenía más rodaje en el primer equipo, aunque los titulares eran Alexis Noble, Osvaldo Hurtado y muchas veces Jorge Aravena recostado por la izquierda. Juvenal compitió además por un cupo con Juan Ramón Isasi y Juvenal Vargas, que en realidad era alternativa de Hurtado. El desplazamiento de Aravena al mediocampo, donde formaría un tridente formidable con Miguel Ángel Neira y Patricio Mardones, facilitó el ingreso de Juvenal a la punta derecha. Olmos jugó el partido decisivo contra Cobresal y obtuvo en cancha su tercer título con la franja. Ese mismo año, Universidad Católica había ganado la Copa de la República a Naval de Talcahuano con gol de Juan Ramón Isasi.

En 1986, Juvenal Olmos vivía en un departamento frío y solitario en Bélgica. La comunicación se hacía difícil en un principio. No hablaba francés ni irlandés, los idiomas de la zona. Las paredes vacías ayudaban a no dejarse llevar por la nostalgia que sentía por Chile, ni siquiera quiso instalar un teléfono. El club de Juvenal era Waregem, un equipo que no pasaba de mitad de tabla.

Después de pelear instancias decisivas en Copa Libertadores, rodearse de jugadores competitivos, pesos pesados en el camarín, con el recuerdo latente de las vueltas olímpicas, Juvenal no terminaba de acostumbrarse al fútbol belga. En medio de esas cavilaciones, Ignacio Prieto lo llamó para vestir la franja de nuevo. Olmos retornó a Chile, ansioso de reencontrarse con su camiseta.

La dinámica mostrada por Juvenal Olmos, convertido en volante ofensivo en Bélgica, fue clave en el campeonato. Tuvo más potencia goleadora que en sus tiempos de delantero. El 2 de agosto de 1987, se hizo presente en el marcador anotando el segundo del 2-0 sobre Concepción. El 27 de septiembre, convirtió el primero del 2-0 a Palestino y dedicó su gol a la barra del chuncho, que estaba detrás del arco. Además remeció las redes en el mencionado gol a Lota el 1 de Noviembre. Marcó el segundo en el 3-1 a Naval en Santa Laura, el 12 de Diciembre; el segundo del 2-0 a Iquique el 27 del mismo mes y finalizó su historial goleador en esa temporada con el primero en la goleada 4-1 a Palestino, el 23 de Enero. En su cuarto título personal, Juvenal gritaba campeón con la franja como un puntal del equipo.

Al año siguiente, en 1988, Universidad Católica goleó a Cobreloa en una de las mañanas de San Carlos, herencia de las tardes en Independencia y las tempraneras jornadas en Santa Laura. Olmos se comió la cancha y anotó dos goles. Al año siguiente partió de la UC a México para desempeñarse en el Irapuato. Por aquel entonces, entabló amistad con Marcelo Espina.

En 1994, Manuel Pellegrini lo rescató de O´Higgins. En un partido del Torneo Oficial, Católica jugaba en Antofagasta. Apenas había terminado el encuentro, un periodista provocó a Juvenal y el jugador reaccionó poniéndole la mejor patada en las bolas que se haya conocido en la humanidad. Fue el Agente Mulder de los X Files a investigar donde quedaron las nueces por si acaso había intervención alienígena. Después, ante las preguntas de la prensa, apareció con un parche en la boca que pasó a la posteridad.

A pesar de contratarlo para esa temporada, Manuel Pellegrini prefería a Gallego Vásquez para que realizara una dupla creativa con Pipo Gorosito. Pero ese toque divino que lo llevó a anotar tres goles un 1 de Noviembre en años distintos, no olvidaría a Juvenal en el momento más oportuno. Lamentablemente, el Gallego se lesionó, pero su salida dio paso a un Olmos dispuesto a llenarse de gloria. El resto está en sus almas. Quedaba poco, no había salida, los clásicos rivales esperando ansiosos el pitazo final, pero Juvenal les tapó la boca a todos y apagó la luz en Costa Rica, golazo, alargue y triunfo. Fue el primer título internacional para Universidad Católica, quinto torneo en Primera División y toda la gratitud de los hinchas para Juvenal.

A excepción de Alberto Acosta y Néstor Gorosito, nadie tenía un puesto asegurado en el plantel de 1995. Juvenal jugó esporádicamente. Sin embargo, ganó la Copa Chile, el sexto título de su historial cruzado. A fines de ese año, Manuel Pellegrini sugirió a Juvenal Olmos que era el momento de retirarse.

En 1999, Luis Hernán Carvallo, hermano de Fernando, lo despidió de su cargo de entrenador de cadetes, pese a que la división que dirigía obtuvo buenos resultados. Juvenal fue campeón en divisiones menores dirigiendo a jugadores como Humberto Suazo y Gonzalo Villagra, pero su fútbol dinámico no era afín con la posesión de pelota que identificaba a los Carvallo y lo echaron. Años después, Juvenal tendría su revancha.

Según un relato de Eduardo Bonvallet, campeón con la franja en el Ascenso 1975, Jesús Goya lo llamó por teléfono muy apesadumbrado. El presidente panadero solicitó que nombrara a un entrenador para su equipo y Bonvallet mencionó a Juvenal Olmos. A fines de ese año, Juvenal sonaba para reemplazar a Wim, pero no se concretó. En 2001, Olmos se va de Unión Española y contactó a Marcelo Oyarzún. El Preparador Físico potenció a Olmos con un plan de trabajo que incluía grandes cargas físicas, motivación y música de Los Prisioneros.

A mediados de 2001, se produjo la ansiada salida del holandés de la franja. Aunque Néstor Gorosito tuvo la chance concreta de encargarse del equipo a fines del 2000, cuando su nombre se manejó junto con el del propio Juvenal, el escogido por la dirigencia fue Olmos. Su contratación creó una gran contrariedad entre un sector de la dirigencia que rechazaba a Marcelo Oyarzún por su vinculación a Colo-Colo.

Imprimiendo fortaleza y mística renovada al equipo, Juvenal transformó a los jugadores pasivos del holandés en verdaderos guerreros. Quienes mejor asimilaron el cambio fueron Patricio Ormazábal y Milovan Mirosevic que comenzaron a comerse la cancha. La defensa necesitaba un nuevo puntal, y Juvenal eligió a Pablo Lenci, que hasta ese momento cumplía un exilio en el ascenso mexicano tras una sanción por doping al estilo Bob Marley. Pablo Lenci tenía la revancha al alcance de la mano y realizó su mejor producción en el fútbol en esas temporadas.

Durante la semana del primer clásico universitario que Olmos dirigió, César Vaccia nos desafió: “Cuando el león está herido es más peligroso”. Juvenal contestó breve y preciso: “Eso del león hay que dejárselo a Walt Disney”. Católica se impuso 1-0 con gol de penal de Miguel Ramírez. Pepe Díaz desperdició al menos dos goles. Según Diego Rivarola el maternal tuvo el empate. Gracias a que un guardia del estadio lo despertó llegó a tiempo para ver las jugadas.
Antes del término del campeonato, Católica remontó desde el décimo lugar hacia los lugares de avanzada y clasificó a la Copa Libertadores. En el terreno internacional, Católica llegó a segunda fase de la Mercosur y se transformó en el único club chileno que avanzó a esa etapa. En Brasil pudimos vencer a Corinthians, pero acá nos sacaron a Lenci de la revancha por reclamos y eso marcó el juego.

Al año siguiente, Universidad Católica enfrentó a Flamengo en Maracaná por la Copa Libertadores. El equipo brasileño debía jugarse la vida ante nosotros. En el torneo brasileño tenían un tranco irregular. En ese juego entró a la cancha de titular Juan José Rivera. Nos convirtieron el 1-0. Juvenal Olmos mandó a la cancha a Milo Mirosevic, y Católica presionó a Flamengo como si jugara en San Carlos. Anotaron Miguel Ramírez, Arturo Norambuena y el propio Milovan, 3-1 y ganamos por primera vez en la historia del club en Brasil. En la fase siguiente, Universidad Católica fue superior a Sao Caetano en ambos partidos, pero a Patricio Ormazábal se le achicó el arco en los penales y a Mauro Segovia no había que pedirle más. Su pega era la demolición con el alma y no la joyería.

Durante el mismo 2002, Católica sumó su octava estrella, Juvenal Olmos, campeón anteriormente en Segunda División con Unión Española, se consagró como entrenador y de paso sumó su séptimo título con la franja. Había igualado un registro histórico de Ignacio Prieto, era campeón como jugador y técnico. El equipo de Juvenal presionaba arriba enfocado en doblegar a sus rivales. Si tenía un partido en las manos, bajaba esa cortina de hierro que constituían Pablo Lenci, Miguel Ramírez y Cristián Álvarez.

En el repertorio de Olmos había varios esquemas, 3-5-2, 4-3-3, 4-4-2 tradicional, 4-4-2 en doble línea de 4, 3-4-3, muchas veces utilizados en un mismo partido. Católica creía en sus recursos y jugaba con los dividendos. En la fase regular del Apertura, derrotó 3-1 a Colo-Colo con dos goles de Miguel Ramírez y uno de Campitos. En semifinales contra Universidad de Chile, el equipo cruzado puso un corazón que cambió el curso de los hechos estando 1-3 abajo, fue un 3-3 que dejó herido al adversario y 2-1 a favor en la revancha, con dos goles de Jorge Campos. En la final contra Rangers fue superior en Talca, pese al empate 1-1, y en San Carlos de Apoquindo goleó por 4-0 desatando los festejos.

Acerca de sus negociaciones con la ANFP durante el Clausura 2002, aportemos un dato al análisis. La Fundación ya había rechazado su proyecto para ganar la Copa Libertadores y disminuyó el presupuesto al 50% para la temporada 2003. En cuanto a sus aciertos, traspasó la pasión de los hinchas al campo de juego, por eso recibió cantos, simpatía y el apoyo de los fanáticos.

Esa mística siempre estuvo en la franja, Juvenal Olmos lo sabe porque Universidad Católica está en sus raíces.

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