Cuando Católica fue monarca en Cataluña
CDUCATOLICA | 29 jul. 2009 | Comentarios 0
El 22 de marzo de 1950 Universidad Católica arribó al aeropuerto de Barajas en Madrid. La travesía, según confesó el técnico Alberto Buccicardi a la prensa hispana, era el premio por la obtención del Campeonato Nacional del año anterior. Todo un ejemplo de superación para los intereses que imperan hoy en día.
(Columna de Razta, 29 de julio 2009, queda a disposición de Wikipedia como aporte de cducatolica.com)
En esa época, demás está decirlo, los viajes intercontinentales eran, más que nunca, un precario desafío a la gravedad y a las condiciones climáticas. Los vestigios de la Segunda Guerra Mundial estaban frescos y el fútbol era una buena excusa para unir al mundo.
Buccicardi fue el encargado de dilucidar dudas sobre la condición profesional del plantel (Sólo Jaime Vázquez era amateur), también dejó en claro que se trataba de un equipo de primera división y no un representativo universitario (Por el nombre y la ligazón con la Universidad Católica).
Aún así en el periódico La Vanguardia, al anunciar la llegada del equipo cruzado a España, cometió el error de llamar al equipo “La Universidad” de Chile, en ningún caso por alusión a un rival de Universidad Católica, ya que poco y nada se sabía del fútbol chileno, sino como abreviatura errónea del nombre unida al país de procedencia.
Prueba de este desconocimiento es que tras el empate con Atlético de Madrid 1-1 en el Estadio Metropolitano de Madrid el mismo medio sacaba conclusiones del nivel futbolístico de Chile: Superior a México pero inferior técnicamente, según ellos, a los exponentes de La Plata. El gol de la Franja lo hizo Lindorfo Mayanés.
Sin embargo, ni siquiera mencionaron que Universidad Católica hizo frente al partido tras apenas cinco días después de bajarse de avión en un periplo de escalas interminables. La gran figura del partido fue Sergio Livingstone.
Curiosamente, destacaron el poco esfuerzo de los madrileños y la entrega de Universidad Católica como un parámetro de la superioridad del medio español, desconociendo, probablemente, que la suma de la dinámica adicionada a la técnica sería clave en el desarrollo del fútbol en las décadas posteriores.
Se avecinaba el Torneo Internacional de Pascua. Universidad Católica disputaría la competencia con el FC Saarbrücken de Alemania y la Selección Catalana, integrada por jugadores del FC Barcelona y el Español entre otros (Años después habría un combinado catalán integrado por jugadores de Sabadell, Gimnástic y Badalona).
En el primer partido de la competencia hubo un empate 1-1 entre Católica y la Selección Catalana. Gol de Raimundo Infante para el representativo de Chile y de Artigas para los catalanes. Se destacó, claramente, que Universidad Católica soportó de buena manera un arbitraje favorable al local. Nuevamente “Sapo” Livingstone se constituye en buena figura y Hernán Carvallo impresiona gratamente.
Pero a ese equipo de humildes, grandes jugadores que se convirtieron en la base de la Selección de Chile en el Mundial de 1950, le esperaba un premio a su esfuerzo. El encuentro final se disputó el lunes 19 de abril de 1950 entre Universidad Católica y FC Saarbrücken, que previamente derrotó a la Selección Catalana 2-1.
Ya sin opciones de que festejaran el título de su representativo, los asistentes al Camp de Les Corts, el antiguo estadio del FC Barcelona, se entusiasmaron con la entrega de ambos equipos. Los alemanes, en todo caso, aportaban más despliegue que jugadas vistosas y era Católica, gracias a la técnica exquisita de sus jóvenes valores (Manuel Álvarez, Hernán Carvallo, Andrés Prieto, entre otros), el que brindaba mejor espectáculo.
Fernando Riera se constituyó en la figura del encuentro al provocar un autogol de los alemanes y anotar el segundo gol cruzado.
En el Camp de Les Corts la confusión de identidad, dudas del profesionalismo o las conclusiones anticipadas del fútbol chileno desaparecían porque Universidad Católica, sin tres jugadores excluidos por problemas de pasajes, había conquistado Cataluña y recibía el trofeo al campeón de manos del gobernador civil.
Sección: Columna de Razta



