La traición a Universidad Católica FC

A principios de 1908 los jugadores de Universidad Católica Football Club festejaban su amistad comiendo alegremente en un restaurant de Santiago, de pronto la voz rasposa de un ebrio interrumpió la algarabía:
- ¡Aquí llegaron los curitas! Jajaj… ¡Miento!, son puras monj…

Antes que terminara la palabra, un joven delantero de apellido Vergara, extrajo su catana con un movimiento veloz arrancándole la cabeza de cuajo, técnica conocida como iaidō.
- Vaya genio battōsai – Lo reprendió Livingstone -, pensé que seria un almuerzo tranquilo.
- No soporto que insulten el buen nombre de Universidad Católica – Explicó Vergara mientras limpiaba la sangre de su espada antes de envainarla.
Eran tiempos difíciles. Si bien la República se abría paso al centenario, no era sencillo mantenerse con unas escasas monedas. Los jugadores de Universidad Católica Football Club combinaban sus empleos con la pasión del balompié.

Cuando llegó la noticia de que disputarían el primer clásico universitario el entusiasmo entre ellos fue gigante.
- ¡Al fin una batalla como la gente! – Exclamó Vergara.
- Habrá custodia policial – Dijo el portero García encogiéndose de hombros .
- Suerte para ellos – Gruñó Castro -, pero si quieren una pelea la tendrán.

El partido fue duramente disputado y el resultado terminó 3-3. Católica Football Club, no podía perder… En 1927, cuando los nombres habían variado y eran otros los protagonistas, recibieron una oferta de la Federación Deportiva de la universidad: Integrarse a ellos y ser reconocidos finalmente por la PUC.
- ¡Es el premio a nuestra visión! – Exclamó Rochefort estrechándose en un abrazo con Rodríguez.

Pero fueron traicionados.

La Federación se fusionó con su par de la Universidad de Chile. Los jugadores cruzados potenciaron a un equipo denominado Club Universitario de Deportes, que era dirigido por autoridades del tradicional adversario.
Cada título que obtuvieron bajo ese nombre iba al historial del enemigo más odiado. Por su parte los antiguos estandartes de Universidad Católica Football Club miraban con dolor al conjunto misceláneo combatiendo bajo el escudo que tanto aborrecían.
Una noche de 1937 Vergara, herido de tantas batallas que sostenía por defender la honra de Universidad Católica, se arrastró hasta el cuarto de un joven estudiante, Oscar Palma, para solicitarle un vaso de agua.
- No me queda mucho tiempo – Explicó escupiendo el liquido -. Tú formas parte de la universidad, la sangre nueva, no todos los que jugamos por el club tuvimos la suerte de perfeccionarnos, algunos fuimos estudiantes otros obreros…

- Llamaré un doctor – Dijo Palma impactado.

- No pierdas tiempo – Solicitó Vergara -. Mis últimos momentos de vida serán para el club que amo. Nosotros tuvimos una Universidad Católica libre.

- Nos separamos del Club Deportivo Universitario el año pasado…

- ¡No basta con eso! – Exclamó con fuerza Vergara mientras la sangre corría por sus labios -, debemos darle gloria a nuestros colores. Sueño con un club deportivo amparado por la casa de estudios, sin traiciones de por medio.

- Muchos de nosotros también…

- A su vez, algún día se separara de la Pontificia para volverse más fuerte. Lucha por su fundación ahora, usen la camiseta de las olimpiadas universitarias de 1930. La Franja en el pecho nos recuerda estandartes de batallas inmemoriales.

Vergara ya no hablaría más, se había quedado inerte. ¿Seria ese su verdadero nombre?, representaba el espíritu belicoso e incontenible que eclipsó la Federación en 1927 y renacería diez años más tarde.
Palma sintió el impulso de una fuerza descomunal, debía limpiar el nombre de Universidad Católica. A la mañana siguiente sostendría una conversación con Carlos Casanueva.
La rama de fútbol que nació en el amateurismo con un grupo de entusiastas había emergido del pasado para consolidarse en el corazón de la patria. El Club Deportivo Universidad Católica nacería el 21 de abril de ese año.

Sección: Columna de Razta

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